domingo, 23 de noviembre de 2025

Los mercados y la calle

Argentina entre la calma de los mercados y la tensión de la calle

Diego Dequino

18/11/2025

También en Negocios de "La Voz del Interior"

Luego de las elecciones del 26 de octubre último, la Argentina ingresó en una etapa de serenidad macroeconómica. Los mercados financieros reaccionaron con entusiasmo. Las acciones argentinas subieron con fuerza, los bonos recuperaron su valor y el riesgo país descendió. El dólar se mantuvo estable, rompiendo con la dinámica de volatilidad al alza que había dominado los meses previos. Sin embargo, esta calma convive con una economía diaria y doméstica que continúa tensionada, sin señales de reactivación.

Dólar, “carry trade”, bonos y acciones

El comportamiento del dólar expresa dos miradas complementarias. Técnicamente la divisa relajó su presión y se ubica cerca del techo de la banda de flotación, algo que el gobierno parece tolerar. Pero desde la mirada del mercado, lo ocurrido tras los comicios fue un desarme de posiciones defensivas, donde muchos agentes vendieron dólares para volver a colocarse en instrumentos en pesos con rendimiento positivo frente a la inflación. Se reabrió así una ventana de carry trade, donde el dólar calmo y tasas reales positivas invitan a obtener ganancias de ocasión en dólares.

Este cóctel no es nuevo, estabilización temporaria con expectativas moderadas de inflación, dólar controlado y apetito financiero. El equilibrio, entonces, depende de mantener la confianza, por lo cual el desafío para el gobierno será prolongar esta sensación de orden.

También, el rally de las acciones argentinas y la recuperación de los bonos soberanos pueden leerse de dos maneras. Una interpretación optimista donde predomina la idea que el mundo está apostando otra vez por la Argentina.

Una interpretación más prudente, pone foco en precios que simplemente recuperaron lo perdido entre julio y octubre. Los activos locales habían caído respecto del inicio del año en el orden del 35% en dólares, hasta antes de las elecciones. Su posterior repunte, entonces, puede interpretarse tanto como un voto de confianza hacia el futuro como una corrección técnica tras un exceso de castigo.

En el caso de los bonos soberanos en dólares, la mejora ha sido incluso más firme. En enero próximo se pagan intereses y en algunos casos capital, lo que convierte a estos títulos en una oportunidad muy atractiva de corto plazo para los inversores. 

No obstante, el país tiene un calendario de vencimientos exigente, ya que solo en 2026 deberá afrontar casi seis mil millones de dólares en amortizaciones de capital más tres mil millones de intereses. Al margen de otros pagos en dólares a organismos multilaterales y en pesos por deuda doméstica.

Mercados optimistas, economía real rezagada

La disociación entre la euforia financiera y la realidad de la calle es palpable. Los indicadores macro pueden mostrar estabilidad, pero la microeconomía en los hogares y las  empresas sigue enfrentando una situación compleja. Con estos precios relativos de tarifas, salarios y tipo de cambio, y con una estructura impositiva que continúa castigando diferencialmente a sectores productivos como el agro, está en los detalles imaginar una reactivación genuina que llegue a todos los rincones del país.

Hoy existen algunos segmentos que muestran dinamismo como la minería, el petróleo, el sector financiero, ciertos nichos específicos de la construcción y en menor medida actividades vinculadas al agro. Sin embargo, ello no refleja la tendencia general. Para que la recuperación se extienda e irradie una mejora en mejore el clima social, el gobierno deberá aprovechar la estabilidad actual y actuar pronto.

El desafío de volver a los mercados

Si el riesgo país perfora los 600 puntos, -estamos muy cerca- la Argentina recupera la posibilidad de volver a los mercados voluntarios de crédito. No se trata de un cambio automático, pero sí de una señal poderosa.

El país sería elegible para refinanciar parte de sus vencimientos a un riesgo efectivo al momento de la emisión del orden de los 400 puntos. Los 200 puntos de diferencia se barren en la mesa de estructuración de la emisión. Ello representa tasas en dólares del 8% anual, valor máximo tolerable para extender plazos y aliviar la presión que ejerce el Estado sobre la economía del país.

Si esta ventana de crédito se utiliza de manera prudente y solo se refinancian los seis mil millones de dólares del vencimiento de capital de los bonos, entonces se podría liberar un punto del Producto Bruto.

Esos recursos que podrían devolverse a la sociedad a través de menor presión tributaria o mayor gasto en infraestructura o en partidas corrientes direccionadas, serán la diferencia para un cambio de juego.

Se trata de transformar la paz financiera del país en hitos de bienestar que lleguen a cada argentino. 

Pero, si esa transferencia no ocurre, la estabilidad de los mercados no se traducirá en una mejora sostenida de las expectativas sociales, y el entusiasmo colectivo se diluirá en algunos meses.

Algo más, la dolarización ¿mito o posibilidad real?

En las últimas semanas volvió a circular el rumor de que Estados Unidos podría promover un proceso de dolarización regional, empezando por la Argentina. ¿Es viable? En mi opinión, sí. Porque las condiciones coyunturales y políticas podrían hacerlo posible, aunque bajo una forma diferente en cómo lo hicieron Ecuador o El Salvador.

Aquellas dolarizaciones fueron unilaterales, con países que abandonaron su moneda sin acuerdo con quien emite el dólar. En cambio, un proceso de integración monetaria eficaz y prometedor requeriría un entendimiento institucional con la Reserva Federal, quizá similar a los tratados que permitieron el ingreso de países al euro.

En ese contexto, la relación personal y política entre el presidente argentino y el presidente de Estados Unidos se vuelve la llave. Las cuestiones técnicas pueden venir después. Lo fundamental es la decisión política.

Si esta vía avanzara, Argentina podría ingresar a una zona del dólar bajo reglas pactadas, con compromisos fiscales, comerciales, de inversión y de migraciones de personas que consoliden una integración estructural. 

No estamos aún en ese punto, pero el anuncio del acuerdo estratégico económico con Estados Unidos puede ser un paso en esa dirección.


domingo, 16 de noviembre de 2025

La economía de la Argentina en el final de 2025

 

FIN DE AÑO, UNA MONEDA EN EL AIRE

Diego Dequino
06/11/2025

(también en Comercio y Justicia)

 

Argentina enfrenta este fin de año 2025 con dos caras bien definidas en materia económica.

Por un lado, los resultados de las elecciones de octubre pasado devolvieron un clima de optimismo a los mercados financieros y, desde allí, a determinados sectores de la economía real, creando una expectativa favorable respecto de la posibilidad de que el país logre finalmente llevar a cabo un conjunto de reformas consideradas necesarias.

Por otro lado, desde marzo o abril de este año el país transita un proceso de enfriamiento económico, con caídas definidas en sectores como el comercio, la construcción y varias ramas de la industria.

En esas dos caras de una misma moneda puede definirse el futuro próximo de la Argentina.

En la medida en que no se resuelvan ciertos temas institucionales, no se implementen mejoras eficaces en los aspectos regulatorios de los mercados y no logren alinearse y estabilizarse precios centrales de la economía —como el dólar, las retenciones, las tarifas de servicios públicos y los salarios—, la economía argentina continuará siendo una moneda en el aire.

El resultado electoral de octubre le otorgó al gobierno un placet de confianza por parte de la ciudadanía que durará, como mínimo, entre cuatro y seis meses. Eso significa que durante esa ventana de tiempo el gobierno podrá ejecutar un conjunto de medidas destinadas a retroalimentar el clima positivo que se instaló en los mercados. Pero también podría ocurrir que fracase en esos intentos o, directamente, no los lleve a cabo, reinstalando entre los ciudadanos una percepción de pobres resultados económicos, similar a la que predominó en la segunda parte de este 2025.

Entre el optimismo y la desazón se jugará el partido de la economía argentina en el próximo año 2026.

Volver a los mercados: oportunidad y riesgo

 

Las oportunidades son claras en la medida en que este clima financiero positivo —sumado al apoyo del gobierno de Estados Unidos— permita que nuestro país logre una rápida vuelta a los mercados voluntarios de crédito, de los cuales está ausente desde 2019.

Esto facilitaría que el extraordinario esfuerzo que realizan ciudadanos, empresas, trabajadores y el propio Estado para reunir los dólares necesarios con qué afrontar los servicios de capital de la deuda externa e interna, pueda aliviarse mediante lo que se conoce como rollover o corrimiento de vencimientos de capital.

Este podría ser el punto de palanca para el cambio de expectativas generales y de la calle. Solo en 2026, Argentina enfrenta vencimientos de capital por más de 6.000 millones de dólares: más de un punto del Producto Bruto Interno o riqueza nacional, un monto muy significativo.

Si el Gobierno Nacional decide devolverle a la sociedad ese valor, porque logra refinanciar los pagos de capital en los mercados con el crédito del país, podrá entonces, con bajas de impuestos, mejor gasto público o incremento de la obra pública, recrear un clima de expectativas positivas.

La clave: bajar impuestos al agro, las pymes y los autónomos

 

La alternativa más rápida será, sin duda, una baja de impuestos. Fundamentalmente, eliminando parte o la totalidad de las retenciones, y reduciendo la presión fiscal distorsiva y extraordinaria sobre las pymes y los autónomos.

Ellos son los grandes generadores de empleo y quienes mejor traducen, en la vida cotidiana, el clima económico positivo.

¿Por qué remarcar que la baja de impuestos es el camino más rápido?
Porque puede decidirse casi de inmediato luego del retorno a los mercados, sin riesgo inmediato para el Tesoro.

Mientras que aplicar una mejora en la caja del Estado para aumentar el gasto público requiere tiempo, gestión y ejecución —además de ir en contra de la filosofía del actual gobierno—, bajar impuestos produce un efecto inmediato hacia adelante.

Al modificarse las expectativas de los agentes económicos, al saberse que pagarán menos impuestos en el futuro, se generan incentivos directos para movilizar parte del patrimonio que antes permanecía inmovilizado.

Este efecto puede multiplicarse si consideramos el amplio, profundo y entrelazado sector agroindustrial argentino ante una baja —parcial o total— de las retenciones.

También si se implementa una reducción eficaz del impuesto a las ganancias para las pymes, a través de permitirles reinvertir en sus propias actividades.

Y, por supuesto, eliminando el IVA para los autónomos, ya que parte de una concepción absurda sobre cómo se crea valor en la actividad profesional: se trata de un autoempleo, no de una cadena de valor.

De esta forma, se rompe también con la idea paternalista de que el “Estado bueno” o el “gobierno eficiente” deben recaudar para luego distribuir como gasto u obra pública. Algo que, en la práctica, casi nunca ocurre.

Más allá de bajar la inflación

 

Este fin de año 2025 se asemeja, en cierta medida, al cierre de 2023, cuando el Gobierno Nacional recibió un fuerte voto de confianza que se transmitió rápidamente a los mercados.

Sin embargo, en términos coyunturales, este cierre de 2025 es mejor que el de 2023, ya que la parte más dura y penosa del ajuste se ejecutó a lo largo de 2024 y parte de este año.

La sociedad ya pagó ese costo. Por eso, necesita —y desea— comenzar a percibir otros beneficios, más allá de la baja de la inflación.