La economía argentina, entre Ulises y Hamelin
Diego Dequino
(también en La Voz)
22/4/2026
La coyuntura económica argentina atraviesa nuevamente un estrecho sendero, donde factores internos y externos tensionan el programa económico.
El principal riesgo en el corto plazo no está exclusivamente dentro de nuestras fronteras, sino también en el escenario internacional por la posibilidad de que el conflicto en Medio Oriente escale y se prolongue en el tiempo.
Esta situación introduzco presión directa sobre los precios relativos, particularmente en energía y combustibles.
El gobierno apostó fuertemente a una estrategia de control monetario para reducir la inflación, y eso ha tenido cierto efecto. Sin embargo, es evidente que no alcanza.
La inflación no logra perforar sostenidamente el 2% mensual, ya que existen otros componentes activos: inflación de costos, presión distributiva, inercia inflacionaria y desajustes en precios relativos que no se corrigen solo con disciplina monetaria.
El riesgo, entonces, es que la economía empiece a corregirse por la vía no deseada: enfriamiento de la actividad. Y ya se percibe un amesetamiento, con señales incipientes de caída en la economía interna. Si a esto se le suma un shock externo en energía, el margen de maniobra se reduce.
Expectativas y confianza
Mirando algo más allá de la macroeconomía, existe un elemento central que muchas veces se subestima, la confianza.
La economía capitalista funciona, en esencia, sobre expectativas. Si la confianza se deteriora, el sistema entero pierde dinamismo, y la Argentina tiene un problema estructural en ese plano.
Cuando observamos la mirada de los mercados internacionales, la Argentina como economía general, debemos ser sinceros y saber que hoy solo está en el radar de inversión en extractivas ligadas al régimen de incentivos a grandes inversiones (RIGI), porque ofrece garantías jurídicas específicas y previsibilidad de largo plazo.
Fuera de ese esquema, no hay una propuesta país consistente que convoque capital.
En el plano doméstico ocurre algo similar. El gobierno intenta impulsar el consumo apelando a que la gente gaste o incluso “queme” ahorro. Pero ese mecanismo no está funcionando.
No se observa un proceso masivo de movilización de ahorros hacia consumo o inversión, porque la gente no toma decisiones económicas relevantes en contextos de incertidumbre.
Salarios, consumo y ahorro
También se advierte un deterioro real en los ingresos. Si comparamos enero de 2025 con febrero de 2026, los salarios públicos y privados se ubican ya entre un 4% por debajo en términos reales. A su vez están considerablemente por debajo de los de 2017 o 2018 (-20%). En el sector público, la caída es aún más pronunciada (-30%).
En el caso de trabajadores informales que incluye sin registro y cuentapropistas, si bien hubo una recuperación más rápida durante 2024 y 2025, porque venían de niveles extremadamente deprimidos de poder adquisitivo, también allí se observa un punto de inflexión hacia mediados del año pasado cuando esos ingresos parecen haber alcanzado un techo.
No obstante los trabajadores informales en términos de poder adquisitivo están por debajo de los trabajadores registrados, lo cual impacta directamente en el consumo agregado y explica parte del estancamiento actual.
El salario no es solamente una variable distributiva, también explica en parte a la demanda agregada (consumo, ahorro e inversión).
Cuando el ingreso pierde poder adquisitivo, el consumo se retrae, la actividad se enfría y la recaudación fiscal empieza a resentirse. Si el ahorro cae, se restringe la inversión.
El problema no es solo técnico, sino también político y de expectativas. Sin un horizonte claro que reconstruya la confianza, es difícil que el programa económico logre consolidarse.
Dólar, competitividad y derrame
El modelo no apuesta al mercado interno como motor de crecimiento, sino que se apoya en exportaciones, con eventual atracción de inversiones externas.
Este enfoque tiene fundamentos teóricos y también ventajas estructurales en un país como Argentina, que cuenta con sectores altamente competitivos, como el agro, la energía o la minería, capaces de generar divisas.
Pero los derrames sobre el resto de la economía es algo diferente.
El inconveniente no es tanto el enfoque en sí, sino la ausencia de un mecanismo de transmisión hacia el conjunto del sistema económico.
Sin una dinámica que articule esas rentas con el mercado interno, el crecimiento queda en el corto y mediano plazo encapsulado en sectores específicos y no logra convertirse en un proceso expansivo generalizado.
La excepción es el agro, que a lo largo de 150 años, ha desarrollado y consolidado mecanismos institucionales, culturales, geográficos y económicos para transmitir el bienestar en sus comunidades.
Dólar, ¿guardar o gastar?
El dólar, más allá de cualquier consideración ideológica, sigue siendo el principal activo de resguardo de valor para la mayoría de la población.
Cuando se interviene sobre su precio de manera sostenida, en los hechos, se produce una licuación del valor de esos activos.
Este punto es central para entender por qué no se logra activar la inversión ni el consumo.
Si los ahorros pierden valor en términos relativos, los agentes económicos tienden a retraerse, a preservar liquidez o a postergar decisiones.
Ulises o Hamelin
La economía argentina parece, otra vez, ingresar en un drama existencial aunque aún no es una crisis abierta.
La Odisea argentina es la terquedad de un pueblo que sigue navegando tormentas que él mismo suele provocar, esperando el definitivo regreso a la normalidad.
Los riesgos son visibles, alejarse de la ética de Ulises atado al mástil en su retorno a casa (Itaca), disciplina y sacrificio racional, puede conducirnos a ingresar en un terreno puramente místico o espiritual.
La mística no es mala si se basa en la fe del Santo que apoya la marcha ascendente donde el dolor del presente es el Juicio Final.
Purgar décadas de pecados económicos, tienen sentido si la meta es la salvación, o la estabilidad definitiva.
Pero si la mística se basa en el hechizo, el riesgo es seguir una música de encantamiento peligroso que conduzca una marcha descendente hacia un vacío desconocido, mientras el ensoñamiento se apodera de la sociedad.
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