domingo, 5 de julio de 2026

El fin de la inocencia

La economía argentina: bienvenidos al fin de la inocencia

Diego Dequino

01/07/2026

(también en La Voz del Interior)

A los crédulos, les sugiero no leer esta columna.

El fin de la inocencia es ese momento en que dejamos de creer que el mundo funciona en base a nuestros deseos y expectativas, para descubrir una realidad más simple y mezquina.

Perder la inocencia, no significa perder la esperanza, pero sí descubrir en un instante que la recompensa obtenida es inferior al esfuerzo realizado.

La Argentina develada.

Los argentinos nos acostumbramos durante décadas a que luego de una crisis, sobreviene una recuperación económica fuerte que devuelve rápido el bienestar perdido. 

Nuestra tradición nos hizo creer que el sacrificio es transitorio, y que, una vez realizado, rápidamente aparece una recompensa más que proporcional.

Esta idea está profundamente instalada en nuestra cultura económica: solo se puede crecer luego de un ajuste, y ajustar automáticamente implica obtener beneficios superiores al esfuerzo realizado.

Pero estamos descubriendo que aunque el esfuerzo genera resultados, estos se consiguen en cantidad muy inferior respecto de lo esperado.

Al menos en cuanto a nuestro aprendizaje de los últimos cincuenta años.

La ilusión y la infancia.

Algunos de los datos oficiales sobre la evolución de la economía, ilusionan a diversos sectores de la sociedad. 

INDEC informó que la economía continuó creciendo durante el primer trimestre de 2026 (2,3%), aunque a la mitad del ritmo de crecimiento del año 2025 (4,5%), luego de una caída entre 2023-2024 (-3,3%).

La base fué por el crecimiento a buen ritmo de las exportaciones (+9,8%), por la energía y minería (+16%) con vaca muerta madurando y la agroindustria (+20%) surfeando una muy buena cosecha. El sector financiero (+9%) también se vuelve a meter entre los ganadores, aunque con menos bríos.

La inflación comenzó a amainar nuevamente, acercándose al valor del 2% mensual. 

Los salarios dejaron de perder y comienzan a mostrar una lenta recuperación (+3,7%).

El riesgo país volvió a descender, situándose en valores cercanos a los 450 ppb (4,5% arriba del bono americano estándar) devolviendo una mejor imagen al espejo financiero de la Argentina y poniendo, otra vez, al país en el borde del sector de la luz de los mercados internacionales. 

La cantidad de personas con trabajo aumentó en el orden de las quinientas mil, pero todas en actividades laborales informales.

Los datos de estimación, también de INDEC, para abril 2026 lucen similares aunque algo menos optimistas. 

Todos estos avances son concretos, medibles, desconocerlos es necio. 

Por lo tanto, la ilusión tiene bases para sostenerse.

Las dudas y la adolescencia.

El paso desde la infancia a la adolescencia es donde comenzamos a registrar un entorno mayor que sólo nuestros seres queridos y cercanos. 

La situación económica exige mirar fuera del círculo elegido y allí comienza a lucir algo ingenuo creer que aquellos indicadores, describen completamente la realidad que viven los argentinos, sus familias y sus empresas.

El consumo privado aparece creciendo (+2,7%), incluso por encima del producto.

Aunque buena parte de ese crecimiento se explica por gastos que las familias no pueden evitar: electricidad, gas, transporte, telefonía y otros servicios que hoy absorben una proporción creciente de los ingresos.

Las familias efectivamente gastan más, pero no necesariamente viven mejor.

El aumento fuerte en la morosidad de los créditos es la contracara de ello.

Y cuando se mira el consumo público, donde también hay personas, este sigue cayendo (-0,9%), entonces el promedio ya no es tan bueno.

Los cambios de precios relativos empujan cambios en los hábitos de consumo, obligando a quien gasta estirar cada peso y exigiendo a quien vende adaptarse al nuevo escenario.

El modelo de comercialización se modifica, el comercio electrónico se impone porque evita costos fijos y laborales.

Cambia el origen de las mercancías a favor de productos importados de muy bajo precio.

La productividad luce en descenso, porque se perdieron doscientos mil empleos formales que fueron compensados con empleos informales y de peor calidad.

Quienes se sumaron al mercado de trabajo son en general mujeres de 30 a 64 años, indicio que más personas salen a buscar ingresos adicionales dentro del hogar.

La inversión recibió poca atención, pero el dato indica que cayó -12% durante el primer trimestre de 2026. 

Sólo la inversión tiene capacidad para ampliar la producción futura, generar empleo formal y transmitir ese crecimiento al resto del tejido económico.

Como en la adolescencia, si no se estudia y se es aplicado, las cosas luego suelen ser más difíciles. Aunque muchos aprendemos tarde esa regla.

Las certezas y la adultez.

Hoy conviven dos fotografías aparentemente incompatibles: una macroeconomía que mejora y una percepción cotidiana que continúa siendo mezquina, austera y que nos deja dudas.

Les propongo que veamos a la economía argentina como un sujeto colectivo que está dejando las ilusiones de la infancia y las dudas de la adolescencia, para adentrarse en las certezas de la adultez.

Certezas que nos bajan a tierra, certezas que casi siempre nos ofrecen resultados mezquinos cuando los comparamos con nuestros ideales de la edad de la inocencia.

¿Esto significa fracasar? No, significa que debemos adaptarnos. Tratar de ser plenos y completos con lo conseguido y con aquello que la vida nos entrega.

En la economía es similar, porqué mientras hay buenas señales de indicadores macroeconómicos, una parte importante de la sociedad se siente frustrada porque llega con dificultad a fin de mes.

Algunos comercios cierran, los que trabajan siguen con niveles de actividad inferiores a los de hace varios años, la industria registra caídas y la construcción le cuesta salir de su recesión de dos años.

Las familias reorganizan permanentemente sus gastos y el consumo cotidiano continúa mostrando señales de debilidad.

Entre la inocencia de un relato grandioso en el que nos formamos y la realidad mezquina obtenida luego de todo el esfuerzo realizado; los argentinos no sólo estamos mirando de frente a una nueva economía, sino que estamos descubriendo una nueva relación entre expectativas y realidad.

Estamos comprendiendo que las transformaciones profundas rara vez producen resultados inmediatos y que los indicadores macroeconómicos, aunque imprescindibles, no alcanzan para describir la experiencia concreta de una sociedad.

Este asunto que enfrentamos no implica dejar de tener miedo, sino que debemos administrar nuestros temores y hacerlo de la mejor manera posible.

Bienvenidos al fin de la edad de la inocencia, igual que en la vida misma.