domingo, 21 de junio de 2020

SIETE APUNTES SOBRE EMPLEO EN LA ARGENTINA POST COVID


Siete apuntes conceptuales para una discusión sobre la coyuntura del empleo y el desempleo en la Argentina post Covid19

Diego Dequino
12-06-2020

    1)    Encuadre propuesto

El desempleo es un fenómeno que solamente se puede resolver o mitigar, en la medida que se comprenda el proceso de creación de empleo.

El empleo del siglo XXI, es un empleo cambiante, dinámico, con pluriempleo a lo largo de la vida laboral del trabajador. Con cada vez mayor tiempo para tareas sociales y personales, con tramos de prestaciones laborales en distintas condiciones con relación a los sistemas prestacionales (aportando como trabajador independiente, como pluriempleo, como prestador de empleador único por tiempo acotado, etc). Lo que prima hoy es la función del trabajador y ello depende de sus capacidades. 

El empleo del siglo XX, mono relación laboral, con cambios de empleo solamente promovidos por el fracaso del empleador por su función misma o por el despido quebrando la relación laboral. Casi nunca como decisión de renuncia del trabajador o su autoexclusión del empleo. Ello junto a la identificación del trabajador en relación al empleador como una identidad continúa y de época, producía el efecto de alterar la identidad del trabajador en función de su pertenencia.

El trabajador en el siglo XX se definía por ser empleado de la empresa “EMPRESA S.A.”, en lugar de definirse como persona en el mundo del trabajo en el actual siglo XXI, por sus saberes ("sé hacer TAL/CUAL") o sus aspiraciones ("quiero dedicarme a SER/PARECER").

Los empleos modernos, actuales en cuanto que no sean rémoras de procesos productivos del siglo XX, pueden y deben separarse en relación a sus funciones de alta productividad versus funciones de baja o muy baja (o nula) productividad. 

Los empleos de alta productividad son aquellos que tienen la capacidad de subsidiar a los tramos de la población que no trabajan, por edad o por desempleo o por condición particular. 

Los empleos de baja productividad solamente tienen capacidad para sostenerse a sí mismos y su grupo inmediato, con muy baja o nula capacidad de ahorro.

Los empleos de muy baja (o nula) productividad son aquellos asociados a tareas que se promueven en función de lograr que el trabajador pueda mantenerse insertado socialmente a la vez de construirle rutas de mejoras de sus capacidades para escalar a empleos de baja o alta productividad. 

    2)    Primera afirmación propuesta:

El desempleo solamente podrá ser reducido o mitigado en la medida que se comprenda que la salida de esa condición es una vía con etapas.

Algunos trabajadores podrán alcanzar la etapa última de forma directa, el empleo de alta productividad, porque poseen las capacidades necesarias y las oportunidades correctas. 

Existirán trabajadores que deban ser asistidos para alcanzar empleos de baja productividad, sosteniéndolos para que transiten el camino a la alta productividad. 

Y también existirán trabajadores que deberán ser incorporados a empleos de muy baja productividad para mejorar su integración en la comunidad y facilitarles de esa manera el camino a las etapas siguientes de su probable vida laboral. 

    3)    Segunda afirmación propuesta:

El desempleo cuando se produce responde a dos fenómenos diferentes: 3.1) Momentos de ruptura o quiebre de la función de producción; 3.2) Ciclos inerciales de refreno de la actividad económica pero sin producir quiebres en la función de producción.

El desempleo cuando se reduce, o aumenta el empleo, depende siempre de las características de la función de producción vigente. La función de producción es la que determinará el nivel de reacción para la absorción de los empleos de la economía.

Si la función de producción agregada de la economía contiene mayores bolsones (o subtramos) de generación de valor de alta productividad, entonces será mucho más rápido la reducción del desempleo en la medida que el crecimiento sostenido en la alta productividad produce excedentes suficientes para dinamizar el consumo y la inversión, a la vez que generan un crecimiento más que proporcional de impuestos al fisco que facilitan el financiamiento de sistemas que sostienen los empleos de muy baja productividad y/o el financiamiento de la mejora de capacidades e inserción de los empleos de baja productividad. 

    4)    Primer corolario propuesto:

El Estado en general debería organizar sus recursos para fomentar el empleo o combatir el desempleo, mirando y ajustando sus acciones con relación a los tramos diferentes de productividad que posee la función de producción agregada de la economía. Ello es equivalente a asignar recursos de forma diferencial con relación a la productividad de la mano de obra.

En particular se puede prever la siguiente estrategia: 

4.1) Para los sectores económicos de muy alta productividad que aún no maduraron, se debería permitir conmutar impuestos de forma puntual y acotado en el tiempo (de 2 a 5 años) para ser reinvertidos en la propia actividad. A la vez de asegurar la continuidad de las condiciones jurídicas en las cuales se desempeñan las relaciones laborales y comerciales.
4.2) Invertir en formación profesional y empleabilidad de los trabajadores que funcionalmente se encuentran en sectores de baja productividad;
4.3) Ayudar a organizar sistemas de producción social y económica que sean capaces de sostener la integración social de las personas en condiciones de trabajar que por sus capacidades funcionales tienen muy baja o nula productividad. 

El abordaje entonces de las medidas sobre los trabajadores desocupados y de las personas en condiciones de trabajar que no tienen ni buscan empleo, debería ser consistente con la situación de época en la cual se encuentra la función de producción de la Argentina. 

5)    La historia reciente como antecedente

Para analizarlo con relación a la historia reciente Argentina podemos citar los hitos más relevantes en esta materia de modificación del empleo y desempleo estructural desde 1983 a la fecha, a la vez de mirar el futuro inmediato y de largo plazo de la situación actual.

5.1) En la década de 1980, gobierno de Alfonsín, el aumento controlado del desempleo estuvo (creció alrededor de 2%) estuvo vinculado a sostener un número significativo de empleos de muy baja (o nula) productividad vinculados en especial a empresas públicas deficitarias y sin inversiones; junto con actividades privadas con protecciones arancelarias que permitían vender algunos bienes producidos a valores muy encima de precio de referencia internacional. La falta de consistencia entre la función de producción vigente y sus capacidades para absorber empleos de alta productividad, a la vez que no se abordó con el suficiente tiempo y profundidad el cambio de dicha función de producción, terminó construyendo un pasivo financiero colectivo que eclosionó cuando se consumió todo el ahorro nacional y las reservas monetarias asociadas.

El cambio estructural no producido, que inhibió la creación de un ciclo de inversión que generará mayor absorción de empleos de alta productividad, terminó agotando las capacidades de la economía para crecer e incluir mayor empleo de alta productividad, imponiendo tiempos más cortos de reconversión en la década siguiente y aumentando por consiguiente los riesgos de realizar una transición de la matriz de producción que produzca un daño permanente sobre los grupos de baja y muy baja productividad. 

5.2) La década de 1990, gobierno de Menem, el desempleo se disparó (subiendo entre 5% y 6%) como consecuencia del cambio en la matriz de producción, con reasignación de factores productivos -entre ellos el trabajo- de forma disruptiva y de un solo golpe, fallando en la construcción de una red de reintegración económica de los trabajadores directamente desvinculados: trabajadores con capacidades funcionales de baja productividad, en general ligados a los sectores protegidos en exceso, empresas públicas eclosionadas en el cumplimiento de sus propias misiones productivas y sectores con prebendas de protección sobre sus costos de producción excesivos.

5.3) La primera década del siglo XXI encontró a la Argentina con una crisis bancaria terminal inédita como consecuencia de una crisis de endeudamiento y capacidad de repago del sector público consolidado nación y provincias.

Esta crisis que tuvo impacto de shock con consecuencias sobre toda la economía produjo un salto adicional en la tasa de desempleo del orden del 5% al 7%, acumulando respecto de la década anterior. No obstante, su rasgo diferencial es que el fuerte y rápido aumento del desempleo se produjo de forma más que proporcional sobre el sector privado respecto del sector público, incidiendo de forma más notoria más sobre los trabajadores con muy alta productividad. 

Una vez corregido los precios relativos y absorbidas las consecuencias del crack financiero, amortiguado también al evitarse la ruptura total del sistema de entidades bancarias vigente, la característica señalada de impacto diferencial de la crisis según productividad del empleo facilitó la recuperación rápida y sostenida del empleo. En primer término la recuperación se localizó sobre los sectores inmediatos más castigados, aquellos de muy alta productividad (campo, agroindustria, industria competitiva, servicios de valor agregado, esparcimiento), permitiendo ingresar en un círculo virtuoso de manera rápida que facilitó promover la inserción y continuidad de los trabajadores de baja productividad mediante fortalecimiento de las redes formativas y la educación, especialmente mediante el incremento de los recursos destinados a educación. A la vez que permitió financiar subsidios directos a trabajadores de muy baja o nula productividad a través del fortalecimiento del sistema de sostén a la vejez (jubilaciones sin aportes) y el crecimiento del modelo de planes sociales (asignación universal por hijo).

Ello produjo dos efectos rápidos sobre el desempleo para su reducción, a diferencia de lo que no ocurrió en los '80 y de lo declamado, pero no logrado en los '90:

a) Redujo el desempleo “core” por la dinámica propia de la recuperación como herencia de la propia destrucción última de empleo, ya que fue lo más cercano a darwinismo económico que tuvo la Argentina desde 1930;
b) Quitó del mercado de trabajo a personas que estando en condiciones de trabajar tenían muy baja o nula productividad, reasignándolos a salario de reserva sin amenaza de reincorporación al mercado laboral.

    6)    Segundo corolario propuesto:

Las crisis financieras globales, debido a que encontraron a Argentina con una economía relativamente cerrada, incidieron de manera rápida pero puntual y coyuntural, aunque no determinante sobre el empleo/desempleo estructural. Mientras que las crisis financieras propias del país produjeron efectos también sobre el empleo /desempleo pero tampoco de forma estructural. 

Así ocurrió con la crisis de deuda de países latinoamericanos 1982, la crisis del default argentino con pérdida de moneda 1989, la segunda hiper 1990, el efecto tequila 1995, la crisis de deuda de Rusia 1998, incluso la crisis default 2001. El desempleo se resintió de forma estructural cuando la Argentina demoró en aceptar y absorber los cambios estructurales en su matriz de producción o cuando lo hizo se produjo sin contener las consecuencias negativas del mismo: siempre vinculadas estas a intentar reducir o eliminar el empleo de baja o muy baja o nula productividad. 

Las veces que el empleo se resintió de forma estructural, fue necesario disponer de tiempo suficiente (4 a 8 años) para que los cambios que dinamizan los sectores de mayor productividad de la economía se encarnaran en el proceso productivo. No obstante, en estos casos, la situación no retorno al punto inicial en cuanto a tasa de desempleo. 

El desempleo cuando se resintió de forma coyuntural y puntual, a pesar de ser más dañino desde la expectativa colectiva porque invade a todos los sectores, la recuperación del empleo fue más rápida y poderosa debido a que los sectores más dinámicos que poseen los puestos de mayor productividad relativa, son los primeros en reaccionar a las nuevas oportunidades de precios relativos y negocios.

7)    El empleo y el desempleo desde la caída del PBI de 2018

Para encuadrar la recuperación de la economía con relación al empleo se proponen siete puntos sobre los cuáles promover su discusión:

7.1) La suba del desempleo durante los años 2018 y 2019 no es de tipo estructural sino coyuntural vinculado a la crisis financiera interna ligada a la corrida financiera internacional de 2018 en contra de los mercados emergentes y de frontera.

7.2) La suba del desempleo alcanzó a todos los sectores económicos, con mayor o menor incidencia, en función de las características de cada uno de ellos. Ello se corresponde con que no existen desde fines de '90 políticas activas de eliminación/conversión de empleo de baja o muy baja o nula productividad.

7.3) La suba del desempleo es menos que proporcional a lo esperado en función de la elasticidad producto/empleo de la Argentina. Y ello es evidencia que los sectores de alta productividad no perciben una crisis estructural en sus sectores. 

7.4) Si las condiciones macroeconómicas continúan su proceso de estabilización es muy probable que la recuperación del empleo tenga impacto positivo rápido sobre la pérdida producida. La historia económica reciente de la Argentina demuestra que las crisis financieras que produjeron daño sobre el empleo fueron puntuales en el tiempo y de alcance indefinido sobre los sectores económicos, y las recuperaciones que sucedieron fueran rápidas y eficaces para paliar la desocupación. 

7.5) Dado que la política económica implementada desde 2016 no tuvo como eje castigar a ningún sector económico en particular y en especial a ningún grupo de trabajadores del sector productivo independiente de sus niveles de productividad, las condiciones de crecimiento asociadas a la matriz productividad se encuentran intactas y con mejoras relativas a los años anteriores toda vez que hubo inversiones efectivas sobre sectores de energía, comunicaciones y transporte, a la vez que correcciones de precios relativos de referencia. 

7.6) La redistribución solidaria del proceso de corrección de precios relativos sobre las franjas de población con alguna capacidad de ahorro, pero sin focalizar a ningún sector productivo en particular, permite entrever que la recuperación será rápida y eficaz. Si ello así fuera, dejará al final del recorrido al empleo de la economía en mejor posición en cuanto a productividad. 

7.7) Será fundamental abordar de manera reformista y proactiva el encuadre en cuanto a derechos de los trabajadores y cargas asociados a la creación de empleo para optimizar y maximizar el impacto de la recuperación económica.






jueves, 28 de mayo de 2020

MONEDA, FINANZAS Y CUARENTENA


LOS PESOS DE LA CUARENTENA SON 1,45 BILLONES

27/05/2020
Diego Dequino



Durante el año en curso se produjeron múltiples novedades técnicas y analíticas con relación a los mercados financieros y la política monetaria, tanto a nivel internacional como local. En nuestro país hubo una concentración extraordinaria de eventos desde el inicio de la cuarentena obligatoria a fines del mes de marzo. Repasemos algunos resultados destacados.

Las reservas brutas del Banco Central-BCRA cayeron poco más de u$s2.100 millones desde el inicio del año. El 42%, u$s900 millones, se redujeron desde el inicio de la cuarentena.

La cantidad de pesos incorporados a los activos líquidos desde el inicio del año alcanza aproximadamente los $2 billones. El 73%, $1,45 billones, se formaron desde el inicio de la cuarentena a fines de marzo.

Los depósitos en dólares en los Bancos se redujeron desde que comenzó el año alrededor de u$s2.650 millones. El 80% de ese monto, unos u$s2.100 millones salieron del sistema desde el inicio de la cuarentena a fines de marzo.

Una lectura rápida señala una defensa cerrada de las reservas por parte del BCRA, máxime en contexto de negociación de la deuda pública y la pandemia del COVID-19. Una emisión de pesos extraordinaria por encima de la absorción de demanda en el corto plazo, asociado a una caída del 2,5% del PBI por cada mes en cuarentena. Un acceso de la población a los ahorros duros para sostenerse durante la cuarentena, exacerbados quizás por la brecha del tipo de cambio oficial respecto de otras opciones de cambio de moneda.

¿Y el valor del dólar? Los primeros datos que procesa el mercado y los agentes económicos en el corto plazo es la relación entre pesos y dólares que administra el BCRA. Ese es el tipo de cambio de conversión, valor que hace equivalentes el total de pesos emitidos respecto del total de dólares que posee el BCRA, ajustado por regulaciones y expectativas.

Con información oficial publicada el 27 de mayo ese valor se ubica en el rango $110-$180, incluyendo Leliq y Pases del BCRA en el cálculo, así como los argendólares depositados netos de préstamos en dólares otorgados por los bancos. La mediana estadística de dicho rango arroja $145 por dólar, por ello el precio oficial actual de la divisa en torno a los $70 tiene un retraso del 107%.

La fuerte pérdida de poder adquisitivo del peso en los últimos 24 meses permite prever que la dirección definitiva del valor del dólar, sea al alza, a la baja o mantenerse en valores actuales dependerá del resultado que se consiga en tres plazos.

En lo inmediato la pericia que demuestre el gobierno nacional en la renegociación de la deuda pública, externa e interna, en moneda extranjera. Un buen resultado le permitirá al Tesoro recrear más rápido y mejor el mercado de deuda en pesos, quitándole presión al BCRA para financiar déficit presupuestario.

Hacia el final de año la responsabilidad principal, sobre la demanda de dinero y el precio del dólar, se correrá hacia el Banco Central y su capacidad para fomentar herramientas financieras que permitan canalizar a la economía real la extraordinaria masa de pesos excedentes.

Con una nueva normalidad económica ya operacionalizada en 2021, el reaseguro para no sufrir un salto inflacionario será la confianza que despierte la política económica para estimular los sectores productivos más dinámicos y en especial aquellos más competitivos.

sábado, 25 de abril de 2020

Dólar retrasado 90%


EL DÓLAR OFICIAL TIENE UN RETRASO DEL 90%

24/04/2020
Diego Dequino

La economía argentina está sometida a una presión inusitada por la conjunción entre freno de su actividad económica debido a las medidas de aislamiento social, combinado con una progresiva diferenciación entre las expectativas de los agentes económicos locales e internacionales sobre las capacidades financieras del país.

En las últimas tres semanas el mercado de cambios y el mercado financiero expusieron una volatilidad creciente de sus variables y fundamentos. La caída en los precios internacionales del petróleo junto con la propuesta de canje de deuda soberana realizada por el Estado Nacional a los acreedores externos internacionales, fueron los datos externos incorporados sin estar previstos por los agentes económicos.

Decisiones gestadas en otros ámbitos junto con el secretismo de las decisiones propias agregaron de un solo golpe una cantidad significativa de incertidumbre sobre el futuro de la economía argentina.

El valor del dólar, termómetro más extendido y de rápida respuesta sobre la confianza de los agentes económicos en nuestro país, tuvo su réplica saltando un 30% en ese período. ¿Cuál valor podrá alcanzar el dólar en el corto plazo? Ello será función de los primeros datos que el mercado y los agentes económicos procesen.

La relación entre pesos y dólares que administra el BCRA es la primera información disponible. Corresponde al tipo de cambio de conversión, o valor que hace equivalentes el total de pesos emitidos respecto del total de dólares que posee el BCRA, ajustado por regulaciones y expectativas.

Con información oficial publicada el 23 de abril ese valor se ubica en el rango $95-$165, incluyendo Leliq y Pases del BCRA en el cálculo así como los argendólares depositados netos de préstamos en dólares otorgados por los bancos. La mediana estadística de dicho rango arroja $130 por dólar, por lo tanto el precio oficial actual de la divisa en torno a los $68 tiene un retraso del 90%.

También debemos agregar que en las últimas tres semanas se incorporó una volatilidad extraordinaria del universo múltiple de tipos de cambio respecto del equilibrio de largo plazo de la economía argentina. Se han alcanzado niveles de dispersión de los cuales no hay antecedentes desde la crisis del año 2001 a esta parte.

El tipo de cambio real multilateral corregido por valor de nuestras exportaciones e importaciones, correspondiente al momento pico de la crisis mundial de 2008 valdría hoy $93 por dólar; mientras que el promedio de los últimos 16 años de ese tipo de cambio real se ubica en valores similares al dólar oficial actual de $68 por dólar.

Estos valores exponen una divergencia creciente sobre las expectativas de corto y largo plazo, así como entre agentes económicos locales e internacionales, que se traduce múltiples valores actuales del dólar desde $47 para exportaciones agropecuarias hasta $115 para dólar informal.



martes, 7 de abril de 2020

Dólar retrasado 65%


EL DÓLAR TIENE UN RETRASO DEL 65%

07/04/2020
Diego Dequino
Disponible en La Voz del Interior


La situación de frenazo de la economía argentina resultado de las estrictas medidas de aislamiento social impuestas por el gobierno nacional, ha modificado la agenda de interés profesional sobre la gestión de la economía.

Esta desviación del foco profesional de análisis otorga a las autoridades económicas una cantidad inédita de grados de libertad para sus decisiones, algo inimaginable en condiciones normales.

Esta situación de excepcionalidad a favor de quienes deciden debe funcionar como advertencia, ya que el regreso a la normalidad expondrá de golpe y de una vez las inconsistencias que se construyan en el actual período.

El valor del dólar en la Argentina es un termómetro de la confianza de los agentes económicos. Proyectar su valor luego de la salida de la cuarentena y del distanciamiento social obligatorio será resultado de los primeros datos que el mercado y los agentes económicos puedan procesar. El primer dato de lectura será la relación entre pesos y dólares que administra el BCRA.

Esta relación mide el tipo de cambio de conversión, es decir el valor que hace equivalentes el total de pesos emitidos respecto del total de dólares que posee el BCRA, ajustado por regulaciones y expectativas.

Dicho cálculo en los últimos días, incorporando una parte de la emisión extraordinaria de pesos que inicio el BCRA, arroja valores que se ubican en el rango $78-$140, incluyendo Leliq y Pases del BCRA en el cálculo y los argendólares depositados netos de préstamos en dólares otorgados por los bancos.

La mediana estadística de dicho rango arroja $109 por dólar, lo que indica que el precio actual de la divisa en torno a los $66 tiene un retraso del 65%.

A la salida del período de excepcionalidad, los decisores de política económica no dispondrán de todas las ventajas de decisión que provee el marco de excepcionalidad de la cuarentena y deberán en dicho momento explicar cuál es el modelo monetario y financiero que ancle a la Argentina a la normalidad.



lunes, 23 de marzo de 2020

AUMENTAR LA DEMANDA DE PESOS EN LA CRISIS


COHESIONAR LA ARGENTINA EN MOMENTOS DE CRISIS: DOS MEDIDAS FISCALES Y MONETARIAS

Diego Dequino
17/03/2020
Especial para diario Comercio y Justicia


La Argentina al igual que todos los países está atravesando una situación que afecta no solamente a la economía real, sino a los ciudadanos y sus expectativas de corto y mediano plazo. La excepcionalidad causada por la pandemia mundial del Coronavirus Covid-19, implica respuestas excepcionales por parte del Estado, quien es el último responsable del resultado que se alcance al final de esta pandemia.

La Argentina posee baja o nula experiencia en sortear conflictos extendidos y de envergadura por fuera de nuestras repetidas crisis de confianza sobre la moneda y el Estado como administrador económico. Naciones con mayor trayectoria en afrontar conflictos que afectan su propia esencia, cuentan con herramientas a las cuáles recurrir en momentos excepcionales. EEUU dispone de leyes especiales y u$s 50 MM fondos extrapresupuestarios reservados de inmediata disposición. Los Bancos Centrales de EEUU y de Europa crean o aumentan los programas de compras de bonos de sus países para monetizar las demandas presupuestarias extremas de los Tesoros para financiar acciones extraordinarias. Ello parece magia, pues no, es la confianza de los ciudadanos respectos de que sus Estados serán capaces de resolver estos momentos adversos excepcionales los que permiten emitir moneda para ponerla en mano de los gobiernos abocados a contralar la crisis.

El gobierno de nuestro país debe aguzar su ingenio para proveerse de forma rápida de herramientas económicas que permitan contribuir controlar la crisis en desarrollo y tratar que la misma no transmute en otro proceso crítico: una sostenida y permanente caída de la economía real. Proponemos considerar dos medidas, complementarias y simultáneas para que tengan efecto, de forma tal que el Estado produzca un golpe de efecto positivo sobre la alicaída demanda de pesos. Lo cual servirá a los ciudadanos para sentirse más fuertes para afrontar la crisis de la cadena de pagos que se avecina y al propio gobierno para aumentar la confianza recíproca con los ciudadanos. El espacio limitado del texto permite solamente desarrollar el contenido propositivo de estas medidas. Los argumentos y detalles quedan para los decisores de política, incluso estamos dispuestos a la discusión.

a)    Medida excepcional de blanqueo fiscal y condición especial de cambio de moneda.

El objetivo es incorporar al sistema financiero u$s15 MM, inyectando en simultáneo 1,275 billones de pesos a la economía real sin consecuencias inflacionarias e incorporándose a la nueva demanda efectiva de pesos por parte del público.

Herramienta: condonación fiscal por un período especial de 90 días, para depositar en el banco o cambiar moneda extranjera atesorada físicamente por hasta 10.000 dólares por persona; 40.000 dólares por grupo familiar; 100.000 dólares por persona física o jurídica registrada como Pyme y de 500.000 dólares persona física o jurídica que sean empleadores y no Pymes. Las operaciones de depósito serán libres de costos, así como las de cambio a pesos se realizarán al tipo de cambio preferencial igual al dólar turista. La acreditación del monto depositado y/o cambiado será en cuenta especial. En dólares sin rendimiento y en pesos será a la vista con rendimiento ajustado por CER. Ambas cuentas especiales podrán utilizarse en los próximos 270 días para la adquisición de bienes de consumo no durables y/o pago de salarios en cuentas especiales equivalentes a las anteriores. Pasados el período especial de 270 días los saldos se liberarán para ser aplicados a cualquier gasto.

b)   Medida monetaria especial para conversión de monedas

El objetivo estimado es proveer financiamiento legítimo de particulares argentinos hacia el Estado del orden de los u$s10 MM, tomando como base recursos que ya figuran como contabilidad de reservas del BCRA, para gastos elegibles blindados del Tesoro cuya finalidad sea la mitigación de la crisis.

Herramienta: disponer una ventana por 90 días para que particulares y empresas puedan vender dólares bancarios directo al BCRA a un tipo de cambio preferencial equivalente al valor de dólar turista. Ello será con límites de 20.000 dólares por persona o grupo familiar; de 50.000 dólares por persona física o jurídica registrada como Pyme; y de 250.000 dólares de personas físicas o jurídicas que sean empleadores y no sean Pyme. La acreditación en pesos de las estas ventas será en pesos cuentas tradicionales ya existentes a la vista o cajas de ahorro. Los montos acreditados serán, por lo tanto, liberados para cualquier aplicación. Se debe ofrecer como opción por monto parcial o total colocarse en plazos fijos especiales precancelables a partir del día 15, con rendimiento igual al CER por un período ventana máximo de 270 días.

Las medidas propuestas, simultáneas y complementarias, podrán transformarse en herramientas reales, consensuadas entre Estado y ciudadanos. Será para recomponer la confianza mutua, combustible irremplazable para mitigar los efectos negativos de una crisis de la magnitud que se avecina.